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Contaminación de sábalos en el río Salado: «Está todo uniformemente contaminado»

Rafael Lajmanovich, investigador de la UNL, en el Ciclo de Ecología de Rosario expuso sobre la investigación realizada acerca residuos agrotóxicos encontrados en sábalos del río Salado

Por Rodrigo Covarrubias

En el marco del Día Mundial del Medioambiente, el último 5 de junio, el Ciclo de Ecología coordinado por el periodista Sergio Rinaldi, que se lleva a cabo desde hace 30 años todos los lunes en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa de la ciudad de Rosario, invitó al Dr. Rafael Lajmanovich para hablar sobre la investigación de su equipo de trabajo de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) acerca de los residuos de plaguicidas encontrados en sábalos del río Salado.

Rafael Lajmanovich es Investigador Principal de CONICET, Doctor en Ciencias Naturales y Profesor Titular de Ecotoxicología en la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (UNL). Es conocido por sus estudios respecto de los efectos de los agroquímicos en la fauna silvestre de la región, particularmente en anfibios.

En este caso, la última investigación, para la cual expuso en el Ciclo de Ecología, se relaciona al rastreo de residuos agroquímicos en sábalos, un pez familiar para la cultura pesquera de la zona y con importante distribución a nivel comercial. “No soy experto en peces, sino en anfibios. Pero haber elegido como bioindicador a la especie sábalo era extremadamente lógico, ya había antecedentes a nivel sudamericano y en Argentina que indicaban la capacidad de bioacumular contaminantes”, explicaba el investigador.

Las muestras de investigación, tomadas en cuatro sitios a lo largo del curso bajo del río Salado y una parte del río Santa Fe, pertenecen al periodo Dic2021-Feb2022 y corroboraron la presencia de 9 compuestos químicos repartidos entre herbicidas, insecticidas y fungicidas, con altas concentraciones de cipermetrina, glufosinato de amonio y glifosato como el más representativo.

Aunque se trataba de corroborar algo que se intuía, los valores de los compuestos hallados resultaron sorpresivos y preocupantes, según contó el investigador: “Dieron extremadamente altos. En valores máximos, en el caso del glifosato tenemos 187 μg/kg (microgramos por kilo) en músculo, y de metabolito de glifosato (AMPA) un valor extremo de 3116 μg/kg. EL glufosinato de amonio, segundo en el orden, dio un valor máximo de 677 μg/kg en músculo”, dijo sobre uno de los herbicidas que de alguna manera suple lo que el glifosato ya no hace y que actualmente se hizo conocido por su uso a partir del trigo transgénico.

Mortandad de peces: «no es solo un cuestión climática»

Los insecticidas también llamaron la atención en los resultados de las muestras: “Había valores altos de algo que se utiliza mucho, la cipermetrina”. Según explicó, los insecticidas son mucho más riesgosos desde el punto de vista ecotoxicológico ya que están diseñados para ser neurotóxicos, es decir inhibir los impulsos nerviosos. “Una CL50 (concentración letal media) de cipermetrina para peces está en el orden de 0,9 a 1,1 μg/l (microgramos por litro), la nada misma es suficiente para matar el 50% de los peces expuestos. Si bien no son unidades completamente equiparables, nosotros encontramos 300 μg/kg. Con estos valores no es descabellado pensar que las mortandades de peces están asociadas a la cantidad de insecticidas”.

Lajmanovich se encargó de aclarar que la presencia de residuos químicos debe necesariamente ser considerada en las variables de la mortandad masiva de peces que han ocurrido en los últimos años, ya que generalmente tienden a justificarse por eventualidades naturales: “La mortandad tiene que ver también con el ambiente, no es solo una cuestión climática, hay que tener en cuenta la calidad del hábitat”.

En este sentido, precisó que la calidad del agua del río Salado va de regular a mala, lo cual genera diversas consecuencias en los organismos acuáticos y explicó que al analizar las muestras contabilizaron 30 resiudos químicos dando vuelta. Aun así, aclaró que las muestras de agua son relativas porque se trata de una «foto» del momento en que se tomaron y no algo permanente. «No cabe duda que el escurrimiento está ocurriendo por agua, por aire, por el entorno de la cuenca. No puedo dar una explicación muy técnica de cómo llegan, pero si se que llegan porque se encuentran. Estoy convencido que esto llega por lo que se llama contaminación difusa«, decía.

En relación a la cuestión alimentaria, expresó que una de las hipótesis de trabajo era separar las muestras de peces en músculo por una parte y vísceras por otra. Según dijo, la hipótesis se centraba en los contaminantes acumulados en músculo porque es lo que se destina para consumo humano: “No encontré otros trabajos que hicieran esa diferenciación. La hipótesis que queríamos estudiar fue corroborada, lamentablemente, hay tendencia a que se acumulen en músculo”.

Aunque el objetivo principal del trabajo no era directamente la inseguridad alimentaria sino más bien dar sustento científico a la presencia de agroquímicos en los peces, la investigación agrega material suplementario al respecto, guiándose por los estándares más alto de seguridad alimentaria a nivel mundial.

“La ingesta diaria admisible de la cipermetrina en peces es 5 μg/kg, nosotros encontrábamos 300. En el glufosinato de amonio es de 21 μg/kg, nosotros encontramos 600. No había duda de que, de encarar esto desde el punto de vista alimentario, el resultado era casi obvio”. Además, el 100% de las muestras tomadas estaba contaminada con glifosato y con metabolito de glifosato, su producto de degradación.

Por otra parte, el investigador de la UNL explicó: “Cuando veíamos la distribución de todos estos residuos a lo largo del río y de los tejidos, en el análisis multivariado de la información, no encontramos patrón determinado ni tendencia en la información, esto es, en los sitios, desde San Justo hasta la desembocadura y en los niveles de los 9 contaminantes en músculos y vísceras”.

Según la investigación, los compuestos encontrados fueron: insecticidas cipermetrina, clorpirifos, lambda cihalotrina, herbicidas metolacloro, prometerina glifosato, AMPA, glufosinato de amonio, fungicida piraclostrobina. Y los sitios en que se tomaron las muestras de peces en ese verano de sequía histórica para el Paraná y sus afluentes como el Salado, son 5, en dirección Norte-Sur: el puente cercano a San Justo, la Costa de Villa Georgina cerca de Esperanza, la costa Los Molinos cerca de Santa Fe, la Playa Municipal de Santo Tomé y el río Santa Fe en la zona de la confluencia con el Salado.

“Está todo uniformemente contaminado”, afirmó, ya que no encontraron patrones ni comportamientos estadísticos, así como tampoco similitud respecto de la tendencia que notaban en las muestras de sedimento del río donde se verificaba un aumento Norte-Sur. “La explicación sería, desde el punto de vista biológico, no químico, es que son peces migradores”.

Por último, el Dr. en Ciencias Naturales cerró la exposición diciendo: “El trabajo no es muy complejo, es juntar pescados y ver qué grado de contaminación tienen. No lo considero uno de mis mejores trabajos, pero esto lo queríamos hacer con todo el equipo de investigación, decidimos que era algo que queríamos saber. Y, sobre todo, haber estado en la situación climática extrema de la sequía nos iba a dar el peor escenario, y así fue lamentablemente”.

La investigación forma parte de un recorrido de casi 30 años de trabajo estudiando el impacto de los agroecosistemas en la ecología y la biodiversidad del Paraná medio y el área sojera de Argentina. A su vez, el trabajo fue reconocido de interés por la Cámara de Diputados de Santa Fe y obtuvo un reconocimiento en el Consejo Deliberante de la ciudad de Santa Fe.

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