Nueva investigación descubre que los gusanos capaces de comer plástico no lo descomponen químicamente, sino que lo convierten en microplásticos, un subproducto más perjudicial
En 2022 se identificaron enzimas naturales que supuestamente degradaban plásticos como el polietileno, pero estudios posteriores demostraron que estos hallazgos eran incorrectos

El papel de las larvas en la degradación del plástico: un mito y un desafío científico
Los gusanos capaces de comer plástico, como el gusano de cera (Galleria mellonella) y las larvas de escarabajos Zophobas morio (supergusanos), no descomponen químicamente el plástico por sí mismos. Más bien, su capacidad para «comer» plástico está relacionada con los microorganismos presentes en su sistema digestivo.
En el intestino de estos gusanos hay bacterias y enzimas que pueden romper los polímeros del plástico, como el polietileno (PE). Estas bacterias utilizan el plástico como fuente de carbono para su metabolismo.
Aunque el plástico se degrada en fragmentos más pequeños, no siempre se descompone completamente en moléculas inocuas como dióxido de carbono o agua. En muchos casos, el proceso genera microplásticos, que son más difíciles de eliminar del medio ambiente.
La cantidad de plástico que estos gusanos pueden procesar es pequeña en comparación con la cantidad de plástico que producimos. Además, el proceso es lento y no totalmente eficiente.

El sistema digestivo del gusano proporciona un ambiente adecuado (pH, temperatura, y nutrientes) para que los microorganismos realicen esta degradación parcial.
Tal vez no mucho, excepto por algo que parece perdurar casi para siempre: el plástico. Su resistencia y persistencia en el medio ambiente lo han convertido en un problema global, y aunque se han propuesto soluciones innovadoras, muchas de ellas han resultado ser menos efectivas de lo que se esperaba.
Las larvas como solución al plástico
Durante varios años, investigadores consideraron a las larvas como una posible solución para la degradación del plástico. Se pensaba que ciertas especies, como las larvas de la polilla de la cera o los gusanos de la harina , podían consumir plástico debido a su capacidad para alimentarse de cera, un material químicamente similar.

Larvas de la polilla de la cera
Las larvas de la polilla de la cera (Galleria mellonella) son las fases inmaduras de un insecto perteneciente a la familia Pyralidae. Estas larvas destacan por:
Alimentarse de cera de abejas: son plagas comunes en colmenas, ya que consumen la cera de los panales, además de restos de polen y miel.
Uso en investigaciones científicas: su capacidad para digerir cera, químicamente similar a algunos plásticos, las ha convertido en objeto de estudio para la degradación de estos materiales.
Alimento en criaderos: utilizadas como fuente de proteínas en la cría de reptiles, aves y peces.
Sin embargo, estudios recientes han desmentido esta idea. Aunque las larvas podían masticar plástico, no lograban digerirlo adecuadamente. En su lugar, lo convertían en microplásticos , un subproducto aún más dañino para el medio ambiente.
Según el profesor Gustav Vaaje-Kolstad, «las larvas básicamente trituraban el plástico, pero no lo descomponían químicamente«. Este descubrimiento fue un golpe para las expectativas de usar organismos vivos como solución directa al problema del plástico.

La ciencia detrás del plástico y su reciclaje
El plástico está compuesto por largas cadenas de polímeros, similares a un collar de perlas, que son extremadamente resistentes.
Para reciclar plástico de manera efectiva, estas cadenas deben romperse en unidades más pequeñas que puedan reutilizarse. Aunque las larvas no son la solución, su comportamiento ha inspirado nuevas líneas de investigación enfocadas en desarrollar enzimas capaces de realizar esta tarea.
En 2022, investigaciones pioneras afirmaron haber identificado enzimas naturales capaces de descomponer plásticos comunes como el polietileno.
No obstante, un equipo de científicos noruegos y estadounidenses, liderado por el profesor Vaaje-Kolstad, descubrió que estos resultados eran erróneos. Al intentar replicar los estudios, encontraron que las enzimas no descomponían los plásticos como se había afirmado. Además, los análisis iniciales estaban sesgados por contaminaciones en las muestras que llevaron a conclusiones incorrectas.
¿Por qué no lo descomponen totalmente?
Aunque algunos microorganismos producen enzimas capaces de atacar el plástico, estas enzimas tienen una eficacia limitada y no siempre logran romper completamente los enlaces químicos del polímero.El plástico está diseñado para ser duradero, lo que dificulta su degradación natural. Sus cadenas de polímeros son químicamente estables y resistentes a los procesos biológicos.
En algunos casos, la degradación incompleta puede liberar compuestos intermedios que son tóxicos y no se procesan más allá de esa etapa.

El futuro de los materiales plásticos y las enzimas
A pesar de los desafíos, la comunidad científica sigue optimista. Según Vaaje-Kolstad, «aunque no hemos encontrado la solución definitiva, los avances en biotecnología nos acercan cada vez más«.
Una estrategia prometedora es desarrollar plásticos de nueva generación que incorporen enlaces químicos más débiles, lo que permitiría que enzimas específicas los degraden de manera eficiente. Esto requeriría un cambio en la industria de los plásticos, pero podría ser una solución sostenible a largo plazo.
La importancia de reducir y reciclar
Mientras se investigan nuevas tecnologías, es crucial que la sociedad se enfoque en reducir el consumo de plástico, fomentar el reciclaje y desarrollar materiales biodegradables.
La producción mundial de plástico supera los 200 millones de toneladas anuales, y gran parte de este volumen termina en vertederos o en el océano. Si logramos cerrar el ciclo del plástico mediante el reciclaje total, podríamos minimizar significativamente su impacto ambiental.
Aunque las larvas no son la solución mágica que esperábamos, han servido como fuente de inspiración para innovaciones futuras.
El desafío de abordar la contaminación plástica requiere una combinación de esfuerzos científicos, industriales y sociales. Solo mediante la colaboración global podremos desarrollar soluciones sostenibles que beneficien tanto al medio ambiente como a las generaciones futuras.
Fuente: www.sciencenorway.no

