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Día de la Tierra: ¿Cómo afecta la degradación del suelo?

Cada 22 de abril, se conmemora el Día de la Tierra para concientizar sobre la protección al planeta y las prácticas sustentables. Uno de los problemas ambientales actuales es el aumento de la degradación del suelo, causada por la deforestación y las prácticas agrícolas no sostenibles

Por Florencia Padrón

“Nuestro poder, nuestro planeta” es el lema de este año 2026, por el día de la Tierra. Se refiere al rol que tienen todas las personas y las comunidades para colaborar con el cuidado del ambiente, más allá de las políticas gubernamentales. Además, recuerda que la participación ciudadana influye en las normas y su cumplimiento

Uno de los problemas ambientales que afectan a la tierra es la degradación, que es definida por la FAO -Organización para la Alimentación y la Agricultura- como la disminución a largo plazo de su capacidad para brindar funciones y servicios ecosistémicos esenciales. Aunque es un proceso natural, causado por la erosión de los suelos y la salinización -acumulación excesiva de sal-, las actividades humanas agravan la los procesos de degradación.

Según la ONU, hasta el 40% de la superficie terrestre está degradada, es decir que su productividad biológica o económica se ha reducido, y afecta a 3.200 millones de personas

“Si bien el 95% de los alimentos que consumimos se cultivan en tierra, degradamos 100 millones de hectáreas de tierras sanas y productivas cada año”, afirma la FAO. La agencia especializada de la ONU estima que 1.660 millones de hectáreas están degradadas a causa de las actividades humanas, y que el 60% de esa degradación afecta a los terrenos agrícolas, como cultivos y pastizales. Sus principales causas son la deforestación, el sobrepastoreo y las prácticas insostenibles de irrigación y cultivo -como los monocultivos, la siembra de una única especie en grandes extensiones de tierra-.  

El informe de la FAO del 2025, el estado mundial de la agricultura y la alimentación, evalúa que 1.700 millones de personas en el mundo viven en zonas donde el rendimiento de los cultivos se perdió un 10% a causa de la degradación, de los mencionados 47 millones son niños menores de cinco años, que sufren retraso de crecimiento. El continente más afectado es Asia, por su densidad de población y por su deuda en degradación.

El organismo señala que con solo revertir el 10% de la degradación en las tierras de cultivo, es posible alimentar a 154 millones de personas más cada año. Para ello, deben aplicarse prácticas de gestión sostenible como la rotación de cultivos y cultivos de cobertura -aquellos que se siembran para mejorar la fertilidad del suelo-. Además, insta a los gobiernos a implementar controles de deforestación y condicionar las subvenciones a los resultados ambientales.

La situación en Argentina

Aproximadamente, el 70% del territorio argentino está conformado por tierras secas, asi mismo, más del 80% de este suelo es afectado por la desertificación -degradación de tierra fértil en zonas áridas-. “Es causada principalmente por el manejo ganadero y agrícola inapropiado, como así también la sobreexplotación foresto industrial”, afirma el informe de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.

Según un reporte del ex Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, las principales causas de la degradación del suelo son la implementación del monocultivo en detrimento de una rotación de cultivos sustentable, el sobrepastoreo y el avance de la frontera agropecuaria a partir de la pérdida de bosque nativo.

Los monocultivos, la siembra de una sola especie en grandes extensiones de tierra, les otorga a los productores mayores beneficios económicos por la reducción de costos y la estandarización de la producción. Sin embargo, provocan el desgaste del suelo al utilizar los mismos nutrientes y genera una mayor exposición de plagas, que no se combaten por falta de diversidad biológica. 

Cultivo de soja: Los monocultivos, en grandes extensiones de tierra, les otorga a los productores mayores beneficios económicos por la reducción de costos y la estandarización de la producción

Desde los años 90, el cultivo de la soja en el país creció exponencialmente hasta convertir a Argentina en el tercer mayor productor en el mundo, detrás de Brasil y Estados Unidos. Aunque trae beneficios económicos inmediatos, a largo plazo, la falta de alternancia en los cultivos afecta la capacidad del suelo de producir alimentos. 

Frente a este escenario, la perspectiva para Argentina combina señales de alerta y algunas oportunidades concretas. Especialistas advierten que, si no se modifican los actuales modelos productivos y no se fortalecen las políticas de conservación, la desertificación podría seguir avanzando sobre regiones clave como la Patagonia, Cuyo, el NOA y parte de la región chaqueña, afectando la producción de alimentos, el acceso al agua y provocando migraciones internas. Sin embargo, también existen experiencias alentadoras de restauración de suelos, manejo regenerativo de pastizales, reforestación con especies nativas y proyectos de agricultura sostenible impulsados por provincias, universidades y organizaciones ambientales. En el marco del Día Mundial de la Tierra, el desafío para Argentina no pasa solo por frenar el deterioro: implica repensar cómo producir, conservar y habitar el territorio antes de que la pérdida de suelo fértil se convierta en una crisis aún más profunda.

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