ROSARIO: EFLUENTES CLOACALES DESECHADOS DIRECTAMENTE AL RÍO
Todos los días se desechan alrededor de 350 millones de litros de líquidos cloacales crudos a la cuenca del río Paraná sin darle tratamiento alguno. De qué se trata la deuda ambiental de Rosario respecto de estos residuos y qué argumentan desde la empresa provincial de agua

Por Rodrigo Covarrubias
En Argentina, el tratamiento de los efluentes cloacales varía según la región y el tamaño de la población. Generalmente, estos residuos suelen tratarse en plantas depuradoras donde se les da un tratamiento mediante procesos físicos, químicos y biológicos, y se los somete a procedimientos de sedimentación, filtración, aireación, desinfección y digestión anaerobia, diseñados para eliminar los contaminantes presentes en las aguas residuales antes de su liberación al medio ambiente. Estas plantas depuradoras se encuentran a lo largo de todo el país y su objetivo es garantizar los niveles de pureza que exigen las normativas provinciales para que esos líquidos puedan ser vertidos en el medioambiente, generalmente en ríos, arroyos o lagos. Ejemplos recientes de estas construcciones son las obras de El Paramillo en Mendoza o Bajo Grande en la ciudad de Córdoba.
Sin embargo, todavía hay localidades en el país que no realizan un adecuado tratamiento respecto de estos residuos y que no cuentan con una planta depuradora para tratarlos. En la provincia de Santa Fe son tres las ciudades con gran densidad poblacional que drenan los efluentes de sus cloacas a las aguas del Paraná sin darle tratamiento alguno: Santa Fe, Reconquista y Rosario. Las promesas para saldar esta deuda ambiental han sido varias y en diferentes momentos, pero aun nada se ha llegado a concretar.
En el caso de Rosario, en diciembre del año pasado se conoció la noticia de que el fiscal Claudio Kishimoto, de la Fiscalía Federal Nº 2 de Rosario, solicitó un pedido de indagatoria a los directivos de Aguas Santafesinas SA (Assa) por presunto delito de infracción a la ley de Residuos Peligrosos, por el vertido de efluentes cloacales sin tratamiento a la cuenca del Paraná. La denuncia penal fue iniciada por la Asociación Civil Cuenca Río Paraná.
El pedido de indagatoria presentado al juez federal fue acompañado por estudios realizados en la planta de Recepción Emisario Sur de la ciudad de Rosario por parte de la División de Medio Ambiente de la Policía Federal y la Prefectura Naval. Según la información que se conoció, los estudios indican que los vertidos que van a parar al río alcanzan los 350 millones de litros diarios de efluentes clocales, lo cual implica una considerable amenaza sanitaria y ambiental. Las pericias oficiales presentadas por el fiscal señalaron que los efluentes además presentan alto contenido de Escherichia coli.
Por su parte, Aguas Santafesinas presentó un escrito a modo de defensa, el cual hizo llegar al diario El Litoral de la capital santafesina, en donde desconocía la denuncia penal y aclaraba que se encontraba en una acción de amparo ambiental promovida por la misma asociación denunciante, por los mismos hechos, tramitada ante la Justicia Federal Civil de la ciudad de Rosario. Y agregaba: “La empresa manifiesta que el efluente de origen cloacal dispuesto, conforme normativa aplicable y con procedimientos de control, cumple con el marco aplicable a la actividad y no resulta contaminante”.
Más allá de la causa judicial que hay en curso al respecto, en la opinión pública se conoce a dónde van a parar los residuos de las cloacas en Rosario y en los medios locales se habla del tema. En noviembre del 2022 se difundió un video en redes sociales, a la altura del ducto troncal Emisario 9 – uno de los dos emisarios por donde se vierten los efluentes –, en donde se podía apreciar una gran mancha de color griscea yendose con la corriente del río. Lo que sucede es que luego de los días de lluvia el ingreso de agua desde la red pluvial arrastra sedimentos que están en los conductos y por ello hay un cambio de la coloración del agua, aclararon en su momento desde la empresa provincial de agua.
En reiteradas oportunidades organizaciones ambientalistas han realizado reclamos y han pedido explicaciones a Aguas Santafesinas sobre la situación, teniendo en cuenta que del río también se extrae el agua para el consumo humano. La última manifestación con repercusión mediática fue en diciembre, antes de que se conociera el pedido de indagatoria del fiscal. Un grupo de activistas ambientales se encadenaron a la planta potabilizadora Aguas Santafesinas en Arroyito, reclamando por el proyecto de una planta depuradora en la ciudad y bajo la consigna de “Queremos agua limpia y segura”.

Desde la empresa provincial, en esta oportunidad y en varias declaraciones que han brindado sus voceros a medios locales, se argumenta con dos explicaciones respecto del tema de los desechos cloacales. La primera tiene que ver con el gran caudal que trae el Paraná. El río Paraná es de los ríos más caudalosos del mundo y trae un volumen de agua promedio de 14 millones de litros por segundo. Desde ASSA indican que, debido a la gran cantidad de agua, el río tiene capacidad propia de depuración y dilución de contaminantes, y de alguna manera, se limpia solo.
La otra explicación que dan tiene que ver con las tomas de agua de las plantas potabilizadoras para el consumo doméstico de la misma. Según la empresa provincial, no hay riesgos de sanidad, ya que las tomas de agua para potabilización se encuentran río arriba de los dos emisarios que tiene la ciudad para drenar los liquidos de las cloacas, por lo tanto, no habría riesgo de contaminación.
A pesar de los idas y vueltas entre Aguas Santafesinas, organizaciones amientalistas, fiscales y periodistas, lo que esta claro es que el tratamiento de los residuos cloacales en Rosario resulta una urgencia y una deuda histórica con el ambiente. Según datos del Censo 2022, en la ciudad de Rosario viven casi 1.400.000 personas. En una ciudad con dicha cantidad de habitantes cabe preocuparse por el tratamiendo de los efluentes cloacales, más aún teniendo en cuenta que se utiliza la misma metodología que hace cien años, cuando se instalaron los sistemas de cloacas y la ciudad tenía una población mucho menor.
Los proyectos se vienen postergando hace más de dos décadas, pero nunca se materializan, sobre todo por la falta de financiamiento. El problema de la ubicación de una planta para el Gran Rosario, sobre todo la que correspondería al Emisario 9, también resulta un problema, ya que implicaría poner una planta de tratamiento de líquidos cloacales en la zona más cotizada de la ciudad. La tecnología para realizar el tratamiento de los efluentes existe. Solo es necesario el financiamiento y la volutad política para llevarlo a cabo. Mientras tanto, todo lo que va por el desagüe va a parar al río.

