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EE.UU., Brasil y Argentina: historia de los rendimientos en producción de granos

Por Fernando Vilella

Argentina a partir del último cuarto del siglo XIX desarrolla su agricultura como subproducto de la exportación de carnes de calidad apalancada en el barco frigorífico y las inversiones en ferrocarriles, telégrafos y puertos.

Los inmigrantes europeos que se asientan en colonias o la campiña ajustan tecnologías y maquinarias a las condiciones de cada localidad en que se asientan, es un juego virtuoso de calidad mundial. La dirigencia del momento genera también las instituciones universitarias y científico-tecnológicos para incorporar saberes al sistema productivo.

El resultado es que no solo se crece en forma cuantitativa sino también cualitativa. En los cultivos principales de la época el trigo y el maíz se pueden medirse en los rendimientos comparados con EE.UU. En maíz hasta comienzos  de la década de 1940 los rendimientos argentinos siempre fueron superiores, a veces por una diferencia muy marcada por ejemplo en toda la década del 20 los rendimientos medios argentinos estaban cerca de las 2 toneladas contra 1,5 en EE. UU.  es decir que nuestros agricultores obtenían un 33 % más. En la década del 30 se incorpora en EE. UU.  la tecnología del híbrido de maíz que en 1960 llega al 100 de la superficie. En ese momento sus rendimientos llegaron a más del doble que en Argentina, 4,9 tn contra las 2,2 tn, que recién incorpora los  híbridos en los 60.

En rendimientos de trigo el comportamiento es semejante, Argentina iguala o está un poco mejor hasta mediados de los 50. Era menos de una tonelada por ha hasta 1940, luego un poco más. Comienza una diferencia en contra que llega a ser un 50% superior al nuestro hacia los 70.  Ellos llegan a las 2 toneladas en 1969 y Argentina 13 años después. Los incrementos en trigo aparecen con los germoplasmas mexicanos obtenidos por los equipos del premio Nobel Norman Borlaug que modifican respuesta a fertilización y la estructura de la planta mejorando su índice de cosecha, es decir el peso de los granos en relación con el peso total de la planta, tallos más cortos que sostienen una espiga más grande y con más semillas. Luego vienen los germoplasmas franceses más productivos, muchos como cada vez que hay un cambio importante, decían que perderíamos los mercados por menor calidad, no ocurrió.

Frente a los muy malos números nacionales de los 50 hay respuestas institucionales tanto públicas, el INTA en 1956 como los grupos CREA en 1957, año que se crea el CONICET y en las universidades se incrementa la investigación. Los frutos se ven una década después donde comienza a revertirse las relaciones acortando las diferencias que  llegan en la actualidad en  maíz a ser solo de un 20 % en maíz y un 4% en trigo

Los híbridos son la primera generación – F1 – de un cruzamiento entre dos genotipos claramente diferentes que muestran un alto grado de heterosis potenciando mucho el rendimiento por el vigor híbrido, pero el grano producido no tiene posibilidad de usarse como semilla y cada año debe comprarse. Los primeros híbridos  comerciales eran de 4 líneas, luego tres y hoy son simples. Esta fue la primera innovación, luego vino otro cambio que despertó discusiones y fue el paso de maíces duros a semidentados, había quienes decían que perderíamos mercados, no ocurrió. Finalmente vinieron lo OGM con resistencia a herbicidas y a insectos.

En maíz en los rendimientos de Brasil siempre aparece por debajo, en 1960 aún en los peores momentos de Argentina eran de 1,3 tn en Brasil, 1,8 tn en Argentina y 3,4 tn en EE. UU., actualmente el orden sigue igual con 5,6 tn en Brasil, 8,2 tn en Argentina y 10, 42 tn en EEUU. Claramente la tasa mayor es la argentina.

La historia de la soja es más reciente para Argentina, con Brasil siendo ahora el mayor productor mundial que triplica en cosecha a nuestro país. En soja tempranamente los rendimientos argentinos estaban en el mismo nivel de sus competidores, gran trabajo de nuestros genetistas que incluyo OGMs con el trabajo pionero de Rodolfo Rossi. A comienzo de siglo estaban en torno a los 2500 kilos por ha en los tres países, pero hoy estamos muy rezagados con medias de 2900 kilos y nuestros dos competidores  en 3330 kilos, 430 kilos más en ellos , eso  a pesar de ser el cultivo más importante del agro nacional.

Aquí vale aclarar que tanto el trigo como la soja son autogamas, es decir que cada flor se poliniza a sí misma y la semilla que se produce tiene igual carga genética y a diferencia de los híbridos pueden sembrarse sin caída en rendimiento respecto a la original.  Este hecho más los derechos de exportación, los cambios múltiples  y la falta de una ley de semillas moderna sumada  a la falta de respeto a la propiedad intelectual por nuestros productores ya que en nuestro país solo un tercio de la soja respeta esta propiedad mientras en Brasil es el 75% y en EE. UU. es total. Esto explica las diferencias entre maíz y soja  en un mismo sistema,  en un caso no queda remedio más que comprar material original todos los años, con el consiguiente estimulo a la mejora continua de los semilleros y desincentivo en el caso contario como en la soja.

¿Qué costo tiene esto?

Hay que multiplicar esos 430 kilos por las has totales y su valor. Digamos que en 17 millones de has son 7,3 millones de tn a 330 dólares la tn son 2400 millones de dólares, unos 142 dólares por ha total cultivada nos sale la viveza. Menos para los productores y 800 millones de dólares menos para el fisco iguala a casi toda la campaña vacunatoria del COVID.

Es inexplicable que aún se discuta la necesidad de una ley de semillas, su falta no solo afecta a los granos sino a toda la agricultura. Por ejemplo no tenemos las legumbres requeridas por los mercados asiáticos, una economía como la del maní (1000 millones de dólares) depende de pocos cultivares, el INTA tiene más de 1.000 variedades de semillas correspondientes a 130 especies y casi lo único que recibe es por las variedades de arroz que lideran el cultivo en Brasil.

Esta falta de ley tiene grandes perdedores que no son solo los semilleros y los productores pampeanos, también los extra-pampeanos de extensivos de intensivos y/o industriales, así como el INTA y las universidades e institutos de investigación, los   trabajadores rurales y la sociedad toda, un sustento irremplazable del interior. Bioeconomía es agregar conocimiento a la gestión de la fotosíntesis, todo lo que incentive el proceso es el camino inexorable hacia un futuro sustentable.

Fernando Vilella es Ingeniero Agrónomo, Profesor Titular Cátedra de Agronegocios y Director ​del Programa​ de Bioeconomía de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires 

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