Agujero Azul: una zona rica en biodiversidad del Mar Argentino
La organización ambientalista Greenpeace realizó un análisis con los datos obtenidos mediante la herramienta Global Fishing Watch, de las horas de pesca por parte de flotas internacionales en los últimos cinco años en el Agujero Azul, una zona rica en biodiversidad del Mar Argentino. Este mar se encuentra en aguas internacionales, en el límite de la ZEE argentina, sin embargo, su fondo marino es de jurisdicción nacional.
Por Alan Kaplan

La organización ambientalista Greenpeace alertó sobre el avance de la presión pesquera en el conocido como «Agujero Azul», una zona rica en biodiversidad del mar argentino que se encuentra en aguas internacionales, justo en el límite de la zona económica exclusiva de Argentina, pero cuyo fondo marino es jurisdicción del país sudamericano.
Reporte sobre presión pesquera

Para los primeros 6 meses del año, las horas de esfuerzo pesquero aparente para los barcos poteros (que pescan exclusivamente calamar) fueron 354.367, un número que casi triplica lo visto hace 5 años (130.789). Además, para los buques que realizan arrastre de fondo se calcularon 120.302 horas, algo que también es más del doble lo observado en el año 2017 (58.408).
Reporte sobre presión pesquera: documentación de pesqueros realizada por el barco de Greenpeace, marzo 2022
En marzo, Greenpeace hizo un relevamiento en la zona del Agujero Azul, al límite de la plataforma marítima argentina. Junto a un equipo de investigadores y científicos, detectó la presencia de más de 400 buques pesqueros que operan sin control en una zona que es hábitat de ballenas y otras especies. En un radio de 35 kilómetros respecto de la posición del barco de Greenpeace, Arctic Sunrise, el radar detectó en 24 horas la presencia de 265 pesqueros, y ampliando el área pero siempre sobre el Agujero Azul aparecían 423 buques de distintas nacionalidades, entre ellos seis frigoríficos y dos buques tanqueros.

Los principales objetivos de esas naves son el calamar, la merluza y la merluza negra. A su vez, los buques aprovechan la falta de regulación en aguas internacionales para saquear las áreas que bordean la zona económica exclusiva argentina. Estas técnicas nocivas de pesca no discriminan entre especies. Por esa razón, tanto la pesca de arrastre como el palangre, son responsables de un gran porcentaje de pesca accidental.
Sobre el Agujero Azul
El Agujero Azul es una zona que se encuentra a unas 200 millas de la costa, fuera de la zona económica exclusiva argentina, pero donde Argentina tiene jurisdicción exclusiva sobre el fondo marino por la extensión de la plataforma continental concedida al país por la organización de Naciones Unidas en 2016.

Cumple un rol ecológico central dentro de los océanos globales, porque proporciona áreas clave para el desove de peces y alimentación de mamíferos marinos y aves que se alimentan y migran a través de esta zona. Es un lugar de alimentación y tránsito para especies como la ballena Franca Austral y otras de estado de conservación vulnerable, como el cachalote, el rorcual y los albatros y también es el hogar de especies comerciales importantes.
El proyecto pretende proteger el fondo marino del principal corredor biológico del Mar Argentino, y de convertirse en ley, pondrá un freno a las flotas pesqueras internacionales de arrastre que depredan el fondo marino. También, contribuiría en la conservación de la estructura ecológica oceánica y la mitigación del cambio climático.

Tratado Global sobre los Océanos
Las negociaciones finales para un Tratado Global de los Océanos comenzaron este lunes y se extenderán hasta el próximo 26 de agosto en la sede central de Naciones Unidas, ubicada en Nueva York (Estados Unidos).
La ONU comenzó en septiembre de 2018 las negociaciones para alcanzar un nuevo tratado internacional sobre biodiversidad marina que proteja la vida en alta mar o aguas internacionales, con lo que se cerraría así una de las brechas jurídicas más importantes de los océanos.
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar), calificada como la ‘Constitución de los océanos‘ fue aprobada en 1982, pero no incluye la biodiversidad marina en las áreas situadas fuera de la jurisdicción de nacional de los países, de manera que casi dos tercios de las aguas oceánicas están desprotegidas.
Según la Alianza de Alta Mar, formada por cerca de 40 ONG ecologistas y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el océano es la mayor biosfera de la Tierra y un componente fundamental del sistema climático, en tanto que la alta mar presta servicios ecosistémicos esenciales para las zonas costeras y para el planeta en general.
El océano situado más allá de las 200 millas marinas (370 kilómetros) de las costas de un país se considera aguas internacionales (es decir, alta mar) y se comparte globalmente. No existe una legislación suprema que salvaguarde su biodiversidad ni su papel vital en la prestación de servicios, como la generación de oxígeno y la regulación del clima.
Tras más de un decenio de debates en la ONU, la Conferencia Intergubernamental (CIG) de la ONU ha celebrado cuatro rondas de negociaciones desde 2018 con vistas a lograr un nuevo tratado jurídicamente vinculante para proteger la biodiversidad marina en áreas fuera de la jurisdicción nacional, conocidas comúnmente como alta mar. La quinta ronda comienza este lunes y podría ser la última.
El resultado de esta reunión «determinará el destino de los océanos para las generaciones futuras», según Greenpeace. Un total de 49 países, entre ellos España, se han comprometido a cerrar un tratado ambicioso en 2022.
«Estamos ante unas negociaciones que son una oportunidad única para proteger nuestro planeta azul. Los océanos sustentan toda la vida en la Tierra, pero durante mucho tiempo los hemos abandonado. Las delegaciones deben cerrar un tratado ambicioso estas dos semanas. Un Tratado débil, o cualquier otra demora, mantendrá el statu quo tan deteriorado que ha llevado a los océanos a esta crisis», apuntó Pilar Marcos, de la delegación política de Greenpeace en Nueva York.
Dos décadas
Los gobiernos han discutido este tratado durante cerca de dos décadas, tiempo en el que, según Greenpeace, «los océanos han perdido demasiado y las comunidades costeras que dependen de los recursos marinos están sufriendo las consecuencias».
«En África occidental ya hemos visto poblaciones de peces severamente mermadas por barcos pesqueros industriales, a menudo de Europa, y esto está dañando los medios de subsistencia y la seguridad alimentaria en toda la región. Cualquier retraso adicional sería una bofetada para todos los que confían en que los líderes políticos cumplan sus promesas. Los delegados deben cumplir con los compromisos de sus gobiernos y finalizar un ambicioso Tratado Global de los Océanos ahora», subrayó Awa Traoré, responsable de la campaña de océanos de Greenpeace África.
Un Tratado sólido proporcionaría un mecanismo que permitiría crear vastos santuarios oceánicos en alta mar, fuera de los límites de las actividades perjudiciales. En síntesis, permitiría alcanzar el 30×30: al menos el 30% de los océanos de nuestro planeta totalmente protegidos para 2030.

