Bioferia: ¿Qué alternativas existen a las telas contaminantes?
Paracaídas, silobolsas, bolsas de arpillera y telas recicladas son usadas por distintos emprendimientos que participaron en la sexta edición de la Bioferia para diseñar productos textiles sustentables

Por Florencia Padrón
A+S participa en la sexta edición de la Bioferia, organizada en el hipódromo de Palermo (CABA), que convoca emprendimientos sustentables especializados en diferentes rubros, como moda, diseño y decoración, energía y gastronomía.
“Es un festival sustentable que transmite un estilo de vida alineado al consumo responsable”, comenta una de las organizadoras Magali Maradona. Cuenta que participaron 250 expositores y que esperan haber superado los 45.000 visitantes que recibieron el año pasado durante los 3 días de muestra.
La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo (sólo superada por la industria energética), según la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo –UNCTAD-. Argumentan que la producción de tejidos tiene un impacto negativo por sus emisiones de carbono “mayores que la de todos los vuelos y envíos marítimos internacionales”, el agua que utiliza, los constantes desechos de ropa y la contaminación de los tintes y las microfibras.

La Bioferia 2024 contó con un sector de moda que reunió emprendimientos dedicados a ofrecer alternativas ecológicas. Uno de ellos es Baumm que utiliza como materia prima paracaídas y parapentes reciclados para diseñar mochilas y pilotos. Lucas Desimone, quien comenzó el emprendimiento hace unos 15 años, cuenta que se los compran a las escuelas de vuelo o a los mismos pilotos.
“Los parapentes tienen cierta cantidad de horas de vuelo, después dejan de servir para volar, pero la tela queda bastante bien para reutilizarla”, explica Lucas. En Baumm hacen las compras por color y en su taller trabajan el diseño, el corte y las combinaciones para conseguir una «paleta atractiva».

El ingeniero agrónomo Santiago Harriague fundó KaiaPuni cansado de ver cómo se desechaban las silobolsas, las bolsas de arpillera (usadas para transportar o almacenar granos). Afirma: “Se tiraban a basurales a cielo abierto, se enterraban, se quemaban. Entonces, un día agarré 5 bolsas, y dije: ‘Si me hago una mochila y sirve, renuncio’. Funcionó porque agrónomo no soy más”.
Santiago explica que consiguen todos sus materiales de alianzas con otras industrias. «Las bolsas de arpillera plástica vienen de 4 cervecerías del conurbano bonaerense. Ellos van guardando las que usan y los viernes las pasamos a buscar», detalla. Además, aclara que no intervienen ninguna bolsa, sino que utilizan los colores y diseños que reciben.
También toman como materia prima banner publicitarios, bolsas de polipropileno, y bolsas de nylon amarillo. “Arrancamos haciendo mochilas y materas, pero hoy tenemos pilusos, billeteras, lancheras, yerberos. Lo que se te ocurra se puede hacer con estos materiales”, destaca.

Por otro lado, contrasta que la producción de una fábrica es mucho más rápida porque se trabaja con máquinas que cortan rollos de tela, mientras que en su emprendimiento usan bolsas que les guardan “arrugadas”, “sucias”, que deben recolectar, lavar y cortar una por una. “Nos cuesta mucho que se entienda lo artesanal que es el producto”, critica.

“Nosotros tenemos 16 personas en producción que pueden hacer 700 u 800 productos por mes. Mientras que con ese personal en una fábrica estarías hablando de unos 4.000 por mes tranquilamente”, estima. Resalta que el lado positivo es que pueden dar mucho trabajo. “Laburamos con mujeres independientes de Villa Jardín y Villa Diamante que está en Lanús Oeste (Bs. As) que se capacitan en centros comunitarios“, agrega.
“Nuestra particularidad es que el 80% de la tela que usamos es reciclada. Se recupera de talleres de costura, se tritura y se vuelve a hilar”, comenta Cecil Somosa de Colibrí Home. Con la tela de una fábrica de Catamarca realizan productos como porta maple, tapas de bidón de agua, porta rollo, bolsas, y manteles individuales.

Explica que sus sets materos están forrados con una tela plástica, “silver”, recuperada de los desechos de una fábrica de gazebos. “Toda la producción se realiza en un taller social que está en Dock Sud (Bs. As.). Es de la cooperativa ‘cuidadores del planeta’ que tiene unos 40 talleres en todo el país”, comenta.
“La empresa utiliza la menor cantidad de agua posible porque los productos no se remojan. Se trituran los sobrantes para volver a hilarlos. Así que el consumo del agua es mínimo”, concluye. Destaca que tampoco tiñen las telas, por lo cual, los colores de tela interna y externa son diferentes.

