Hongos adaptógenos: una alternativa natural que gana espacio en la investigación científica y la producción sustentable
La especialista en micología Cecilia Cesari explicó el potencial de los hongos medicinales, sus propiedades adaptógenas y el desarrollo de cultivos en Mendoza. La producción utiliza restos agroforestales y busca avanzar bajo criterios de sustentabilidad y seguridad alimentaria
Entrevista: Judith Scheyer
Redacción: Iván Naciff
Los hongos medicinales comenzaron a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro de las investigaciones vinculadas con la salud, la alimentación y la sustentabilidad. En Mendoza, además, su producción empieza a consolidarse como una actividad que combina conocimiento científico, aprovechamiento de residuos agroforestales e innovación.
El tema fue abordado en el programa Mendoza + Sustentable, donde la especialista en micología, directora técnica de Cava de Hongos e investigadora en el área de hongos medicinales, Cecilia Cesari, explicó las características de estos organismos, sus posibles aplicaciones y el trabajo que se desarrolla para producirlos de manera sustentable.
La entrevista permitió profundizar en un reino biológico que, pese a su presencia cotidiana en los alimentos y en los ecosistemas, continúa siendo poco conocido para buena parte de la sociedad. A diferencia de las plantas y los animales, los hongos constituyen un reino propio y poseen características particulares que explican tanto su importancia ecológica como su potencial para distintas aplicaciones.
Cesari recordó que su vínculo con la micología comenzó en 2001, cuando ingresó al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) como investigadora en el área de fitopatología. Su formación académica de base es la ingeniería agronómica y posteriormente obtuvo un doctorado en Ciencias Biológicas con orientación en Biología Molecular.
Su trabajo inicial estuvo relacionado con el estudio de los organismos que afectan a los vegetales, entre ellos hongos, bacterias y virus. Con el paso del tiempo, ese contacto profesional derivó en una especialización en el reino de los hongos y, particularmente, en sus posibilidades de investigación.

Un reino con características propias
Uno de los primeros aspectos abordados durante la entrevista fue la diferencia entre los hongos y los organismos del reino vegetal. Aunque por sus características externas pueden parecerse a las plantas —principalmente porque no se desplazan como los animales—, los hongos presentan una forma de alimentación completamente diferente. Según explicó Cesari, las plantas producen su propio alimento mediante la fotosíntesis, mientras que los hongos necesitan obtener nutrientes de otros organismos o de materia orgánica disponible en el ambiente. Para hacerlo, cuentan con una estructura denominada micelio.
El micelio está compuesto por filamentos llamados hifas, que forman una especie de red o maraña. Estas estructuras pueden desarrollarse debajo de la tierra o dentro de materiales orgánicos, como la 1madera. A través de enzimas, los hongos degradan componentes de la materia orgánica y posteriormente absorben los nutrientes resultantes.
En un bosque, por ejemplo, un árbol caído puede convertirse en el sustrato sobre el cual se desarrolla un hongo. El micelio se introduce en el material y degrada sustancias como la celulosa, la hemicelulosa y la lignina. De este proceso obtiene los nutrientes necesarios para desarrollar sus funciones metabólicas.
El proceso también permite comprender el papel que cumplen los hongos en los ecosistemas. Al degradar materia orgánica, participan en los ciclos naturales y contribuyen al reciclaje de nutrientes.
Dentro de los denominados hongos superiores se encuentran aquellos que producen los cuerpos fructíferos visibles, comúnmente identificados por la presencia de un sombrero. El micelio constituye el cuerpo del organismo, mientras que el cuerpo fructífero aparece bajo determinadas condiciones ambientales y tiene como finalidad la reproducción.
De la tradición asiática a la investigación científica
El uso de hongos con fines medicinales no es reciente. Cesari explicó que su consumo posee una tradición muy antigua, especialmente en las culturas asiáticas. En particular, señaló que dentro de la medicina china existen registros históricos de organismos que fueron considerados hierbas, aunque en realidad se trataba de hongos.

A partir de la década de 1960, la investigación científica comenzó a prestar mayor atención a los conocimientos empíricos relacionados con las propiedades atribuidas a estos organismos. Desde entonces se desarrollaron estudios destinados a analizar las moléculas presentes en los hongos y su interacción con los organismos humanos y animales.
Los hongos medicinales a los que se hizo referencia durante la entrevista corresponden principalmente a macromicetos, es decir, aquellos hongos cuyo cuerpo fructífero puede observarse a simple vista. Entre los ejemplares mencionados se encuentran el Reishi, la Melena de León y el Cordyceps. Cada uno presenta características y compuestos diferentes y, de acuerdo con la especialista, son utilizados en investigaciones relacionadas con distintos aspectos de la salud.
Uno de los conceptos centrales de la conversación fue el de los llamados hongos adaptógenos. Cesari explicó que el término se relaciona con la capacidad de determinados compuestos para ayudar al organismo a adaptarse frente a situaciones de estrés.
El estrés puede generar diferentes respuestas fisiológicas. En el pasado, explicó la especialista, esas reacciones estaban vinculadas con situaciones inmediatas de supervivencia. Actualmente, los factores estresantes pueden estar relacionados con problemas económicos, personales o con el ritmo de vida cotidiano. Sin embargo, la respuesta del organismo continúa siendo similar.
En ese contexto, los hongos adaptógenos son estudiados por su capacidad de modular determinadas respuestas del organismo y contribuir a recuperar un estado de equilibrio.
El vínculo entre los hongos, el intestino y el cerebro
Uno de los aspectos que despertó mayor interés durante la entrevista fue la relación entre los compuestos presentes en determinados hongos y diferentes sistemas del organismo.
Cesari explicó que estos organismos contienen moléculas como polisacáridos y compuestos fenólicos. Los polisacáridos son estructuras complejas que pueden participar en la modulación del sistema inmunitario.

Además, algunos de estos componentes funcionan como fibras que llegan al intestino y pueden ser fermentadas por la microbiota intestinal. De esta manera, los hongos pueden tener una relación con el denominado eje intestino-inmunidad. La especialista también destacó el caso de la Melena de León, un hongo que ha sido objeto de investigaciones por su posible relación con el sistema nervioso. De acuerdo con lo explicado durante el programa, determinadas moléculas presentes en este organismo pueden llegar al cerebro y se estudia su participación en procesos relacionados con la mielina y la formación o recuperación de estructuras nerviosas.
Por ese motivo, la Melena de León es utilizada en investigaciones relacionadas con la salud mental y las funciones neurológicas. Cesari sostuvo que existen numerosos trabajos científicos desarrollados por universidades, hospitales y equipos de investigación de diferentes partes del mundo. Estos estudios incluyen investigaciones preclínicas y ensayos clínicos en humanos.
Sin embargo, la especialista también marcó una diferencia importante entre los hongos medicinales y los medicamentos convencionales. Según explicó, los hongos no deben ser considerados fármacos ni presentados como elementos capaces de curar enfermedades. Su función se plantea como un apoyo o coadyuvante dentro de determinados tratamientos y como suplemento alimentario.
La necesidad de una regulación clara
La expansión del consumo de hongos medicinales también plantea desafíos vinculados con la regulación y la seguridad alimentaria. Durante la entrevista, Cesari señaló la necesidad de contar con una reglamentación que permita diferenciar claramente los hongos utilizados como alimentos o suplementos de los medicamentos farmacológicos.

En este sentido, explicó que algunos ejemplares, como el Reishi y la Melena de León, ya se encuentran incorporados al Código Alimentario Argentino, mientras que otros continúan bajo consideración. La incorporación al Código Alimentario representa, según la especialista, una referencia vinculada con la seguridad alimentaria y permite establecer cuáles son los productos autorizados para el consumo. Esta regulación adquiere particular importancia a medida que aumenta la oferta de productos derivados de hongos.
El mercado incluye desde cuerpos fructíferos deshidratados hasta tinturas y diferentes tipos de extractos. 3Los procesos de extracción permiten concentrar determinadas biomoléculas presentes en las paredes celulares de los hongos. Entre las alternativas mencionadas se encuentran las tinturas, que pueden elaborarse mediante extracciones en alcohol, además de extractos dobles o triples que buscan alcanzar una mayor concentración de los componentes.
Cesari aclaró, además, que estos productos deben consumirse de una manera determinada. Las moléculas presentes en los hongos no atraviesan las mucosas, por lo que no se plantea el consumo sublingual como una vía adecuada. La especialista indicó que deben incorporarse en agua o en una solución y señaló que la preparación no debería realizarse con líquidos calientes, debido a que algunas moléculas pueden sufrir procesos de descomposición.
Propiedades nutricionales y posibles beneficios
Más allá de los extractos, los hongos frescos también poseen propiedades nutricionales. Cesari destacó su aporte de proteínas, vitaminas y minerales. En el caso de los extractos, explicó que se estudia su utilización como apoyo para la prevención de enfermedades y para diferentes funciones del organismo.

Entre los ejemplos mencionados durante la entrevista aparece el Reishi, al que se atribuyen efectos vinculados con el descanso reparador y el sueño, aunque no como inductor directo del sueño. También se mencionaron posibles efectos sobre el sistema nervioso central y su relación con la disminución de la ansiedad y la angustia. Asimismo, el Reishi es estudiado por su acción sobre el sistema inmunitario, sus propiedades prebióticas, antioxidantes y antiinflamatorias. La Melena de León, en tanto, fue presentada como un organismo de interés dentro del estudio del eje intestino-cerebro, mientras que el Cordyceps fue asociado con la provisión de energía biológica.
Estos usos forman parte de un campo de investigación que continúa desarrollándose y que, de acuerdo con la especialista, requiere profundizar los estudios y avanzar en una adecuada regulación de los productos derivados.
Mendoza y el crecimiento de una producción sustentable
Según Cesari, en los últimos años comenzaron a aparecer productores locales dedicados al cultivo de hongos medicinales de identidad conocida. A nivel nacional, la actividad ya posee mayor desarrollo, pero Mendoza también comienza a construir su propio espacio dentro del sector. La producción local se realiza bajo procesos de manufactura que buscan respetar criterios de sustentabilidad y protección ambiental.

Uno de los elementos centrales de este modelo es el aprovechamiento de restos de la actividad agroforestal. Los hongos pueden cultivarse sobre madera y distintos materiales derivados de residuos vegetales. La producción puede utilizar, por ejemplo, restos de poda de vid y otros subproductos generados por la actividad agrícola mendocina.
De esta manera, materiales que podrían convertirse en residuos encuentran una nueva utilidad como sustrato para el desarrollo de hongos. El proceso comienza con el crecimiento del micelio sobre estos materiales. Luego, bajo determinadas condiciones, se generan los cuerpos fructíferos, que son los que finalmente se cosechan. Cuando el objetivo es producir un alimento fresco, los cuerpos fructíferos son cosechados y posteriormente pueden ser destinados al consumo.

Cuando se busca elaborar extractos, se realiza previamente un proceso de deshidratación, seguido de una manipulación que debe respetar las normas de higiene y las disposiciones establecidas por el Código Alimentario Argentino. Este esquema de producción representa uno de los puntos donde convergen la investigación científica y la sustentabilidad. La utilización de restos agrícolas permite reducir el desperdicio de materiales y, al mismo tiempo, generar nuevos alimentos y productos derivados.
El consumo de hongos y la importancia de la preparación
Durante la conversación también surgió una cuestión vinculada con el consumo cotidiano de hongos, particularmente de variedades que se encuentran habitualmente en supermercados, como los champiñones y las gírgolas. Cesari señaló que, en general, se recomienda consumir los hongos cocidos. Explicó que algunas personas presentan dificultades para digerir determinadas proteínas o componentes presentes en estos organismos.

El tratamiento mediante cocción puede facilitar su consumo y digestión, aunque existen preparaciones culinarias en las que los hongos son utilizados de otras maneras. La especialista diferenció además el consumo de hongos como alimento del uso de extractos concentrados. Mientras los hongos frescos constituyen un alimento con aporte nutricional, los extractos concentran determinados componentes y son utilizados como suplementos. La diferencia resulta relevante para evitar confusiones entre alimentación, suplementación y tratamiento médico.
Ciencia, innovación y sustentabilidad
La presencia de los hongos medicinales en Mendoza refleja la convergencia de distintas áreas: biología, agronomía, investigación científica, alimentación, salud e innovación. La experiencia presentada en Mendoza Más Sustentable muestra además cómo los recursos provenientes de la actividad agrícola pueden incorporarse a nuevos circuitos productivos.

El aprovechamiento de restos de poda de vid y otros materiales agroforestales abre una posibilidad para transformar residuos en insumos destinados al cultivo de hongos. Al mismo tiempo, el crecimiento de esta actividad plantea la necesidad de fortalecer la investigación, garantizar procesos seguros de producción y establecer normas claras para los productos que llegan al consumidor.
La especialista Cecilia Cesari remarcó durante la entrevista que los hongos medicinales no deben confundirse con medicamentos ni considerarse sustitutos de tratamientos farmacológicos. Su utilización se plantea como un complemento y debe estar acompañada por información adecuada y criterios de seguridad.
El avance de las investigaciones científicas permite conocer cada vez mejor las moléculas presentes en estos organismos y sus posibles interacciones con el cuerpo humano. Sin embargo, el desarrollo del sector también requiere responsabilidad para diferenciar los resultados científicos comprobados de las afirmaciones que puedan exceder la evidencia disponible.

En Mendoza, el desafío aparece acompañado por una oportunidad productiva: cultivar hongos aprovechando recursos que provienen de la propia actividad agropecuaria de la provincia. La producción sustentable de hongos medicinales se presenta así como una actividad que puede integrar innovación y aprovechamiento de residuos, mientras la ciencia continúa estudiando sus propiedades. Con un reino biológico que durante décadas permaneció relativamente relegado frente al protagonismo de plantas y animales, los hongos comienzan a ganar espacio en las investigaciones y en nuevos modelos productivos.
El interés por sus propiedades adaptógenas, su relación con la microbiota y el sistema inmunitario, el estudio de su potencial neuroprotector y su utilización como alimento abren nuevas líneas de investigación. En paralelo, el desarrollo de cultivos locales permite pensar en alternativas productivas vinculadas con la economía circular y el aprovechamiento de recursos disponibles.
La experiencia mendocina muestra, de este modo, que la sustentabilidad también puede encontrarse en organismos que durante mucho tiempo fueron observados simplemente como parte del paisaje o de la gastronomía.
Detrás de los cuerpos fructíferos que llegan a una mesa existe un complejo sistema biológico y productivo que hoy comienza a ser explorado desde una perspectiva científica, alimentaria y ambiental. El desafío para los próximos años será profundizar el conocimiento, fortalecer la regulación y consolidar procesos productivos seguros y sustentables. En ese camino, los hongos aparecen como protagonistas de un campo que combina ciencia, innovación y aprovechamiento responsable de los recursos.

