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Transformar pastos en lana y carnes de calidad también es Bioeconomía

Por Fernando Vilella

Transformar pastos en lana y carnes de calidad también es Bioeconomía

Nuestro sistema digestivo funciona por la interacción de enzimas con poblaciones microbianas, estas cada vez se conocen mejor y ahora sabemos que cumplen múltiples y complejas funciones pero no es capaz de digerir la celulosa que conforma las paredes de las células vegetales.

Sin embargo, hay un grupo de animales, los rumiantes que han evolucionado en pastizales, sabanas y parques que consumen y digieren hojas o tallos de hierbas, arbustos y árboles muy ricos en celulosa. Hay un grupo de pseudo-rumiantes como los hipopótamos y camélidos que carecen de uno de esos estómagos, el omaso, y otros fermentadores pregástricos, no rumiantes, como los perezosos, canguros, monos colobos – y el hoazín (ave de las selvas americanas).

Sus complejos estómagos y la rumia se combinan con la acción de enzimas y complejas poblaciones de microorganismos que degradan la celulosa y los contenidos celulares a sustancias que son absorbidas junto a los propios microorganismos. En buena parte del territorio nacional, especialmente en los más secos no hay una vegetación apta para consumo directo humano y que solo los rumiantes como los vacunos, ovinos y caprinos pueden consumir. En áreas más húmedas forman parte de las rotaciones y el mejor uso de comunidades naturales.

Los rumiantes son parte importante de las cadenas biológicas y son centrales en la historia de nuestro país, ya que los bovinos y ovinos son centrales en la economía y políticas nacionales. A pesar de no ser tan conocido los ovinos fueron algunas décadas nuestros principales productos de exportación, primero como lana y luego como carne congelada. Hoy siguen teniendo relevancia como única alternativa productiva como en la Patagonia. Allí con esa vegetación de la meseta central solo ellos o los guanacos, camélidos, son capaces de vivir.

En 1810 había entre 2 y 3 millones de cabezas de ovejas, desde 1840 aparecen los inmigrantes escoceses e irlandeses que fueron importantes en el despegue y ya en 1851 con 14 millones de cabezas la lana constituía más del 10% de las exportaciones totales.

En la década de 1860, con la guerra civil de EEUU y la caída de exportaciones de algodón se produce una verdadera “fiebre del lanar” llegando la lana en 1865  a ser el principal producto de exportación. La población sigue creciendo hasta 78 millones a fines de siglo (8 animales por habitante) que permitió exportar en 1899 diversos productos como 237.000 tn de lana, 543.458 animales vivos, 56.627 tn de carne congelada y 41 .697tn de cueros sin procesar. Eran años donde casi todo el rodeo estaba en la pcia. de Buenos Aires, luego se instala en la Patagonia con razas netamente laneras como la Merino.

El barco frigorífico junto a mejores tecnologías productivas permite el avance de los bovinos, pero hasta 1904 las carnes más exportadas eran las ovinas. En el siglo XIX y durante más de cuarenta años, la lana ocupó el primer lugar entre las exportaciones argentinas, asegurándonos una inserción plena en un mercado global gobernado por las leyes del libre-cambio. El boom lanero o “Fiebre del lanar”, como se conoció por su semejanza con la fiebre del oro de California, no ha quedado grabado en la memoria colectiva.

A partir de la Primera Guerra Mundial la majada nacional se traslada a la Patagonia y comienza a declinar la población total en el país. Allí en 1888 contaba con solo 300.000 lanares y en 20 años llegan a 11,2 millones y en 1930 a 16 millones. Argentina participaba con el 9 % de la producción mundial, hoy el 3%.  Hoy en la Patagonia, con más del 60 % del rebaño actual hay 12,5 millones de cabezas, la oveja es monocultivo donde por malos manejos y eventos climáticos  en la meseta central patagónica, seriamente afectada por diferentes grados de desertificación,  la receptividad ha caído de manera alarmante aunque sigue siendo la región más importante de producción de lanas finas. Según la Federación Lanera Argentina (FLA), el stock de ovinos laneros registró una fuerte contracción por las fuertes sequías entre los años 2007 a 2011, sumado a las erupciones de los volcanes Chaitén en 2008 y Caullé-Puyehue en 2011. La actual producción para 2020/21 son unas 45 mil tn.

 La calidad es muy importante para determinar el precio, por ejemplo la lana fina de 20 micrones en 2021 es  4,41 USD/kg, mientras la mediana de 27 micrones es de 1,99 USD/kg.

Según la FAO, China es el país con mayor número de cabezas de ovinos, y representa el 11,7% del stock mundial, seguido de India (5,3%) y Australia (4,7%), Brasil, (1,4% ) y  Argentina con 1,1%. El consumo interno argentino de lana es de  2.000 mil t en base sucia con una exportación del 71% a productos con algún grado de industrialización, con la mayor participación de lana peinada, blousse, y subproductos (64%).

Transformar pastos en lana y carnes de calidad también es Bioeconomía

En el caso de la oferta de carne ovina, se registra un descenso continuo de 2009 a hoy, que pasó de 83,4 mil a  53,5 mil t res con hueso con consumos per cápita entre 1,06 a 1,86 kg/hab/año. Tenemos una cuota símil Hilton en la Unión Europea de unas 15.000 tn que nunca alcanzamos ya que el total de exportaciones es menor a las 1000 t con Brasil como principal destino.

Una buena noticia es que el nuevo mercado de hacienda en Cañuelas tendrá una parte destinada a ovino, la mala es la falta de renovación de la Ley Ovina que tiene media sanción y los diputados no tratan a pesar del dictamen positivo.

Las limitantes para la expansión de la cría ovina son un mercado informal, los problemas de seguridad por ser fácilmente robados, la falta de establecimientos faenadores y un aumento del tamaño de la res que mejore la comercialización. Esta alternativa, que tuvo tanta transcendencia en el pasado es muy apta tanto para productores con poca superficie como también complemento de grandes, demostrando ser rentables en ambos casos.

Fernando Vilella es Ingeniero Agrónomo, Profesor Titular Cátedra de Agronegocios y Director ​del Programa​ de Bioeconomía de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires 

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