¿Cómo se aplica la agrometeorología como herramienta de sustentabilidad?
¿Cómo se aplica la agrometeorología como herramienta de sustentabilidad? Clima y agricultura: ¿aliados o enemigos?

entrevista : Judith Scheyer
edición: Iván Naciff
La agrometeorología y la biodiversidad se combinan en un innovador servicio mendocino que transforma datos climáticos e insectos benéficos en herramientas clave para la producción agrícola
En el marco del programa Mendoza + sustentable, se presentó un enfoque novedoso que une ciencia, tecnología y naturaleza para enfrentar los desafíos de la producción agrícola. La ingeniera agrónoma Regina Aguilera, directora de Canopilogger, y la ingeniera en recursos naturales renovables Valeria Alemano, compartieron su experiencia y visión sobre cómo la agrometeorología y la gestión de insectos benéficos pueden transformar el modo en que se cultiva en Mendoza.

Canopilogger—nombre que surge de “canopia” (la parte verde de la vid) y “logger” (registro en inglés)— es un emprendimiento mendocino que convierte información del ambiente en decisiones inteligentes para el agro. “Captamos datos del entorno, los procesamos y generamos índices para que el productor sepa exactamente qué hacer y cuándo hacerlo”, explicó Aguilera. Este monitoreo en tiempo real permite, por ejemplo, anticiparse a heladas, planificar riegos según la transpiración de la planta, o tomar decisiones de siembra basadas en microclimas dentro de una misma finca.
Una de las claves de este enfoque es que no se trabaja a calendario, sino en función de las condiciones reales del ambiente. “Si podemos medir, generamos conocimiento, y con ese conocimiento podemos actuar mejor”, afirmó la ingeniera. Este método, aseguran, contribuye directamente a la eficiencia productiva y al uso racional de recursos como el agua, uno de los más valiosos en la provincia.

Por su parte, Valeria Alemano aporta una mirada complementaria enfocada en la biodiversidad y el control biológico. Con su emprendimiento, realiza monitoreos entomológicos en los viñedos, recolectando insectos y arácnidos que luego analiza en laboratorio. “La mayoría de estos bichos no son plagas, sino aliados: polinizan, mejoran el suelo y controlan otras especies dañinas”, explicó mientras mostraba una caja entomológica con ejemplares nativos. Su trabajo artesanal permite identificar y promover la presencia de insectos benéficos, fomentando prácticas agrícolas más regenerativas y sostenibles.
Ambas profesionales trabajan en alianza, combinando medición climática de precisión con diagnóstico ecológico. Esta sinergia permite brindar a los productores soluciones integrales para enfrentar el cambio climático, optimizar el rendimiento y preservar el entorno. “Con esta información, los agricultores pueden decidir qué cultivar, dónde hacerlo, cuándo regar y cómo proteger sus cultivos sin dañar el ambiente”, explicó Aguilera.
Uno de los aportes más innovadores es el uso de ventiladores para combatir heladas, una alternativa sustentable a las prácticas tradicionales como la quema de cubiertas. “En Mendoza predominan las heladas radiativas, que no ‘caen’ sino que enfrían desde el suelo. Con ventiladores invertimos el aire y protegemos las plantas sin contaminar”, detalló.
La trazabilidad de datos ambientales también se transforma en una herramienta clave para obtener certificaciones como Global GAP o los protocolos de sustentabilidad de bodegas. “Acompañamos al productor en todo el proceso, generando registros que justifican prácticas responsables tanto en el manejo del agua como en la biodiversidad o el bienestar laboral ante olas de calor”, explicó Alemano.
En un contexto de cambio climático, ambas expertas coinciden en que el conocimiento y la anticipación son esenciales. Canopilogger ya trabaja con productores de durazno para industria en toda Mendoza, aportando informes semanales sobre horas de frío, recomendaciones de riego y reportes personalizados.
“Es como tener el control del clima, o al menos, entenderlo para convivir con él”, sintetizó Aguilera, quien recordó que su vocación nació de niña, observando las nubes. Su formación en agronomía y meteorología agrícola hoy se convierte en una herramienta concreta para impulsar una agricultura más resiliente y consciente.

