Prendas hechas con materias primas recicladas

En la industria de la moda se han desarrollado alternativas sostenibles a los procesos productivos y a las materias primas contaminantes predominantes

Por Florencia Padrón

Editado por Karen Arias

Solo superada por la industria de la energía la cual incluye la explotación de petróleo y del gas, la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo de acuerdo con la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Según el organismo la industria produce más emisiones de carbono que la suma de todos los vuelos y envíos marítimos internacionales.

La producción de unos jeans requiere de 7.500 litros de agua (la cantidad de líquido que bebe una persona promedio en siete años), según indicó UNCTAD. Mientras que para fabricar una remera se necesitaron 2.700 litros de agua (lo que una persona promedio bebe durante dos años y medio), conforme al Servicios de Estudio del Parlamento Europeo (EPRS).

Producir un par de jeans se requieren 2.700 litros de agua

Los especialistas de la ONU opinan que la tendencia del Fast Fashion es responsable de muchos de los efectos sociales, económicos y ambientales negativos de la industria de este siglo. Indican que de 2000 a 2014 la producción de prendas de vestir se duplicó.

A fin de revertir esta tendencia empresas del rubro buscaron nuevas fuentes de materias primas y rediseñaron sus métodos de producción para ser más sostenibles:

Poliéster reciclado

El poliéster reciclado representaba un 14% de la producción del mercado en 2019, según los datos de Textile Exchange. La organización sin fines de lucro explica que el poliéster es una fibra sintética de origen fósil y que no existe otro material que pueda satisfacer la demanda actual.

Textile Exchange promueve la reutilización del material, en lugar de que se continue con su producción.

El polieser es una fibra sintética de origen fósil

Un ejemplo es la firma española Sepiia la cual utiliza como materia prima verde poliéster reciclado. En su sitio web la firma pública que sus prendas ahorran agua y dióxido de carbono (CO2) en todo el ciclo de vida de la prenda. Afirma que para producir una prenda con algodón convencional se necesitan 432 litros de agua, mientras que la misma prenda de su empresa se requieren 6 litros. En otras palabras, explica que su empresa gasta un 98,6% menos de agua. También sostiene que al producir localmente Sepiiia genera 44% menos de emisiones de CO2 por lo que emite el transporte del algodón convencional.

Por otro lado, afirma que sus prendas ayudan a reducir el uso de agua y de electricidad dado que sus artículos no necesitan un lavado y planchado diario. La empresa explica que el material y la tecnología que utilizan permiten que sus prendas repelan las manchas, neutralicen los olores y no se arruguen.

Fibras naturales

Otros datos de EPRS aseguran que el lavado de ropa sintética representa el 35% de los microplásticos primarios liberados en el medio ambiente. Asimismo, afirman que cada año se generan unos 0,5 millones de toneladas de microfibras que terminan en los océanos. Se encuentran algunas soluciones a este problema en la innovación de las empresas que reemplazan los tejidos sintéticos por fibras naturales, tal es el caso de Pyratex, Piñatex y Vegea.

La empresa Pyratex elabora biotejidos fabricados con residuos agrícolas, «a diferencia de otros polímeros no utiliza productos químicos ni petróleo en el proceso», publica la empresa. Además, desde su página web resalta que sus procesos de producción son más sostenibles al reciclar agua y utilizar tintes de bajo impacto.

Pyratex desarrolla tejidos en base a: los residuos agrícolas de banano de empresas alimenticias como las fibras de abacá que es una especie de banano que crece naturalmente en Filipinas, cítricos como los residuos agrícolas de piel de naranja (las cuales quedan, por ejemplo, tras la extracción de zumo) y las ortigas que crecen de forma silvestre en los bosques montañosos del Himalaya. Además, crea tejidos a partir de algas, bambú, y flores de kapok.

Por otro lado, la empresa Piñatex reutiliza las hojas de piña desechadas en las cosechas como fibras para convertirlas en prendas, accesorios y calzados. La compañía asevera que su producto funciona como una alternativa natural y sostenible al cuero. Si bien se necesitan 460 hojas para hacer un metro cuadrado de Piñatex, desde la organización aseguran que esto no impide su producción dado que no hay una escasez de la materia prima.

Por último, la marca italiana Vegea trabaja con bodegas de dicho país para utilizar los residuos de las uvas que provienen de la producción de vino. Convierte los desperdicios en un tejido con efecto de piel como reemplazo a las pieles reales a fin de salvar la vida de los animales. Además, desde su página web Vegea confirma que su proceso de producción se encuentra libre de solventes tóxicos ​​y de sustancias peligrosas para las personas y el medio ambiente.

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