“Somos unos plasticópatas”
Dafna Nudelman, conocida como «La loca del táper», enfatiza que la sociedad hace un uso “patológico” del plástico. Además, advierte en la segunda edición de Será Sustentable sobre el “engaño” de algunos biodegradables

Por Florencia Padrón
A+S participa en Será Sustentable 2024, un evento donde organizaciones, empresas y referentes exponen sus programas para reducir su impacto en el ambiente, es organizado por Centro Geo en la Facultad de Economía de la UBA, CABA.
“Por momentos la agenda se pone tan crítica que el tema del plástico lo dejamos en secundario. No tiene quizás imágenes tan terribles”, evalúa Nudelman. En vez de pensar en problemas “gigantes” que uno sabe por dónde empezar, como el cambio climático, es más fácil pensar en uno más concreto, como la crisis plástica.
Ve que el problema no es el material, sino su constante uso descartable. “Le estamos dando un uso efímero a un material que es eterno”, acota. Como resultado, sus desechos se encuentran en los lugares más remotos, desde la cima del monte Everest hasta las profundidades de las fosas marinas.

Científicos ya los encontraron en el cuerpo humano, en forma de microplásticos, partículas milimétricas del material. Por ejemplo, se ingieren a través de la comida y el agua. “Primero las hallaron en las heces humanas, después en el semen, la sangre, el cerebro, está en cada parte del cuerpo que buscan”, asevera Nudelman.
Plasticópatas
Dafna Nudelman, es conocida como “la loca del táper” desde que fue a comprar helado con su propio recipiente para no usar un pote de tergopol. En un principio, se metió de lleno en el mundo del reciclaje, pero vió que “no funcionaba”. Por eso, cambió su estilo de vida al “Zero waste”, con el objetivo de vivir sin generar ningún residuo.

En su comunidad, piensan que la sociedad tiene una “obsesión por plastificar todo”. “Tenemos una relación patológica, le decimos que somos plásticópatas”. Para clarificar su postura, toma las porciones reducidas que se ofrecen de los productos por la crisis económica. “Primero, fue por 2019 vimos un churro que estaba envuelto con una bandeja de telgopor, un film y tres etiquetas”, dice.
“Lo último que vi era completamente ridículo. Era un puñado de arroz, en una bandejita con el fin y eso a nadie le parece mal. Está a la venta en los supermercados y, lo naturalizamos, la gente pasa por ahí e incluso lo compra”, critica. Enfatiza que se deben rechazar estos productos. “Si eso no consigue ningún comprador, va a dejar de existir”, continúa.
Cambiar el consumo
“No podemos reemplazar un material por otro y seguir usándolo de forma completamente descartable”, esboza. En cambio, propone cambiar los usos y las costumbres del consumo para evitar generar residuos.
“Todos somos víctimas del engaño de la pajita. Ahora se reemplaza por una de papel. Nunca nos preguntaron si esa era la mejor alternativa, en cuanto al impacto ambiental, a la usabilidad. Quizás en el 80% de los casos podemos tomar directamente del vaso”, ejemplifica. A fin de disminuir el impacto ambiental, llama a reducir el consumo.

Alineado a su postura, está el programa de Unplastify -Desplastificar-, una empresa que asesora a organizaciones para disminuir su uso de descartables. “Son 3 estrategias muy fáciles, lo elimino, lo reemplazo por un reutilizable o un biodegradable”, afirma la CEO de la empresa, Agustina Besada, que participa del mismo panel “Hacia un nuevo paradigma del plástico».
“El gran desafío de la desplastificación son las soluciones mágicas, las falsas. No pueden reemplazar algo, esperar que sea bueno, económico, ecológico y que funcione igual. Esto en general es caro”, evalúa la CEO de Unplastify. Enfatiza que la clave es repensar el sistema productivo para transformarlo.
El «engaño» de los biodegradables
Dafna nudelman, activista del consumo responsable, plantea que la industria tiene el desafío de encontrar una alternativa real al plástico, que cuente con sus mismas condiciones físicas, como su resistencia e impermeabilidad.
Califica que es una “ilusión” que el plástico oxo-bidegradable se descompone más rápido, son plásticos que se le agregan aditivos para promover la oxidación del material. Sin emargo, en vez de degradarse, argumenta que se fragmenta más rápido en microplásticos.
“Con la ilusión de que sea más fácil de descomponer les creemos. Hasta hubo cambios de regulaciones donde las bolsas sólo podían ser oxo-biodegradables»
Además, distingue que entre los plásticos compostables, aunque muchos sean biodegradables, con algunos se necesita “leer la letra chica”. Argumenta: “Dicen: ‘compostable en condiciones de un compost industrial’, y no lo tenemos disponible. Se complejiza todo porque también habría que separar entre plástico compostable y reciclable”.
Por último, afirma que hay plásticos basados en plantas que son tan biodegradables que no tienen vida útil. Ilustra: “Yo tenía unas bolsas compostables para el envío de mis libros, no las use en el tiempo que debería, y cuando puse el segundo libro se desfondo”.

